EN CASA TAMBIÉN SE HABLA DE ESTO/ ¿TU HIJO
PUDE SER UNO DE LOS CINCO? Claves para ayudar a prevenir el abuso sexual.
Si te has animado a leer este artículo, ¡gracias! Puedes
sentirte muy satisfecho, satisfecha. No es nada fácil aceptar que una niña
puede ser víctima de un abuso sexual y mucho menos si es nuestra hija. Pero las estadísticas nos dicen que 1 de
cada 5 niños o niñas sufre alguna experiencia de abuso antes de los 17
años, el 80-85% dentro de su entorno de confianza, el 60% no recibe ayuda, y el
90% no lo dirá en la infancia. Y, siendo así, aún sigue siendo un tema del que
no se habla. Porque es algo contranatura, nos parece una “aberración”, nos
coloca en emociones de indefensión...y nuestro cerebro individual y social
“anula” esa posibilidad. Nos descoloca especialmente saber que la mayor parte
de abusos son perpetrados no por personas desconocidas sino por personas
conocidas, de confianza para nuestros hijos, incluso de la familia.
No es mi intención meter miedo sobre este tema, sí crear conciencia
de la responsabilidad y la oportunidad que tenemos como padres y
madres. Es necesario educar para que, en
la medida de sus posibilidades, puedan evitarlo, aprendan qué hacer si les
ocurre y sepan que pueden contar con nuestra ayuda y la de otras personas.
A veces, hablamos del tema cuando tienen ya cierta edad, cuando van a
algún campamento o cuando ha habido un suceso lamentable y los medios de
comunicación le han puesto altavoz. Pero
debería ser algo que esté dentro de la educación afectivo-sexual (que es
un derecho de la infancia) ya desde la etapa infantil, adaptando la
información a cada edad y favoreciendo el pensamiento reflexivo. Y
sin caer en la tentación de provocarles una angustia no asumible para
evitar que suceda a toda costa.
No es fácil saber cómo hacerlo. No nos han educado en ello y no es un
tema que contrastemos tan fácilmente con otras madres, con la escuela o
profesionales. En este artículo nos gustaría transmitir algunas claves y
ofrecer algunas referencias de ayuda.
Claves para la educación en prevención de abusos sexuales.
1- Educar la confianza.
Para prevenir y hablar de este tema es imprescindible generar
relaciones de Buen Trato y de confianza con nuestros hijos. Para la
confianza, los juicios rápidos, los estereotipos, las amenazas, los chantajes
emocionales no son buenos compañeros. La afectividad incondicional, la
disciplina positiva, la escucha y la comunicación no violenta son de gran
ayuda.
Desde esa confianza, podrán fortalecer sus capacidades de autoestima,
de resiliencia, el empoderamiento, el talento … Y podrán desarrollar
herramientas que les hagan sentirse válidas y capaces de afrontar retos,
ayudarse a sí mismas y pedir ayuda.
A continuación, hablaremos de algunas claves que, insistimos, deberían
ir enmarcadas dentro de la educación afectivo-sexual amplia que hagamos desde
casa. Adaptaremos los contenidos a las edades, capacidades y momentos de
nuestras hijas. Lo importante es que puedan conocer y vivir de forma sana su
cuerpo, las emociones y las relaciones que irán creando con dos claves:
autocuidado y cuidado mutuo.
2- Mi
cuerpo es un tesoro.
Los niños han de aprender a querer y cuidar su cuerpo como si de un
tesoro se tratara.
Para ello, primero han de conocerlo y saber para qué sirve cada
parte. Esto incluye los órganos sexuales. Llamarlos por su nombre (vulva y
pene; no “pocholita” o “pitilín”) y saber sus funciones: para “tener bebés”,
para orinar en el caso de los varones y también para dar placer. Podemos
abordar la masturbación, por ejemplo, como algo natural que da placer a uno
mismo y se hace en contextos de intimidad. (como hacer pis o caca)
Además, hay que generar unos hábitos de aseo, alimentación,
actividad física, descanso … con la idea de cuidar el cuerpo. Cuidarlo
también significa protegerlo. Por ejemplo, nadie puede pedirles que se
desnuden y fotografiarles o “jugar” con sus órganos sexuales. Aita y ama podrán
tocarlos para hacer el aseo cuando son más pequeños o el médico para hacer
alguna exploración (siempre con presencia de papá o mamá) Tampoco ninguna
persona adulta o niña podrá pedirles que se masturben delante suyo o que
presencien la masturbación de otra persona.
Los niños más pequeños pasan por una fase de curiosidad en la que
pueden desnudarse, querer ver las partes íntimas de aita o ama o las de otras
niñas. Les mueve la curiosidad y no el deseo sexual. Generalmente, se distraen
pronto con otros temas y se quedan satisfechas con informaciones que les damos
a través de cuentos, guías y conversaciones.
Es posible que dentro de esa curiosidad puedan iniciar “juegos
sexuales con tocamientos” entre iguales. En estos casos, desde la serenidad
y la calma les explicaremos que eso forma parte de algo íntimo que hacen las
personas más mayores cuando ambas están de acuerdo y están en otro tipo de
relación. Los niños aún no tienen esas relaciones entre ellos y pueden jugar a
otras cosas. Cada niño en su intimidad puede tocar sus órganos genitales pero
no los de otros. En caso de que veamos conductas de tipo sexual exhibitorias o
de tocamiento muy repetitivas, obsesivas o invasivas podríamos ver si hay algo
más que el niño está expresando así.
Y para ver a nuestro cuerpo como un tesoro, hay que transmitir, por
supuesto, lo bueno que es aceptar y querer su forma, altura y
características tratando de que esté sano más allá de comparativas y cánones
sociales.
3- Gestión
emocional.
La educación emocional es fundamental para la autoestima y para todo.
También para el desarrollo afectivo-sexual. Identificar cada emoción con
lo que ocurre en el cuerpo, ponerle nombre, hablar de ello y gestionarlo
de forma adaptativa. Es básico poder elaborar las emociones de
miedo y asco, implicadas muchas veces en los maltratos y abusos sexuales.
El asco, por
ejemplo, es una emoción que nos protege. Y a veces “anulamos” sin querer su
primer efecto protector. Por ejemplo, obligando a nuestras hijas a dar o
recibir un beso de saludo a una persona aunque les dé rechazo o a que se coman
algo que les da “arcadas” sin miramientos.
Podemos ayudarles a saludar o expresar el afecto o a comer algo nuevo
con paciencia y sin obligar. En el caso
del miedo, decirles que ser valientes supone a veces huir de situaciones
peligrosas, contar lo que da miedo, pedir ayuda o no guardar “secretos
malos”.
4- Decir
No.
Es necesario que los niños aprendan a ser asertivos y decir No
a propuestas que pueden ser peligrosas, les asustan o incomodan. De hecho,
muchas personas adultas aún seguimos con ese problema por nuestro temperamento
más inhibido, por la presión de grupo, por nuestro deseo de aprobación, por
nuestra inadecuada gestión emocional…
Ayudará que los padres y madres podamos mantener un modelo de
disciplina positiva que conjugue la firmeza de una autoridad con la
afectividad, empatizando, favoreciendo la reflexión y alentando a la búsqueda
de soluciones sin impedir la asertividad.
Podemos concretar algunos “noes” interesantes para la protección. Por
ejemplo, cuando son más pequeñas que sepan decir “no” a una persona extraña
que les anima a alejarse para buscar caramelos, ver “perritos” o jugar a
algo especial. Decir “no” a irse con alguien desconocido que “supuestamente”
va a buscarles de nuestra parte (podemos tener un código o palabra clave
que esa persona deberá decir para aceptarle) No ir al baño solos en espacios
públicos o sin avisar. Decir no a que la puerta de una consulta se
cierre o a ser atendido sin estar presente o avisada la persona cuidadora y
con su permiso…
En el caso de la adolescencia, cuando empiezan a tener los primeros
contactos sexuales hay que trabajar la idea de que No es No aunque se
esté “con la ropa ya quitada”.
Hoy en día, también deben aprender a dar algunos “noes” en la vida online.
La tecnología y las redes sociales son un medio en el que se pueden sufrir
abusos sexuales. La web Pantallas Amigas tiene recursos de ayuda para las familias
y las chicas que son muy interesantes. Los controles parentales pueden evitar
en cierta medida que entren en lugares inadecuados. Pero lo más importante es
ir educándoles en hacer un uso crítico y reflexivo, en cuidar y querer su
propia imagen y sexualidad de una forma sana.
Decir No a la hipersexualización, a que compartan datos personales o
imágenes íntimas desnudas, a relacionarse con gente que no conocen… y evitar,
así, el sexting o grooming. Es un chip que debemos trabajar
especialmente en la pre y adolescencia y también antes ya que cada vez se
accede al mundo digital antes.
Podemos pensar que instruirles en todo esto puede “minar” su confianza
en las personas pero en realidad se trata de establecer unos códigos de
autocuidado y cuidado mutuo dentro de las relaciones. Con personas extrañas o
conocidas. Además de algunos “noes”, hay muchos “síes” sanos en las
interacciones.
5- Pedir
ayuda.
¿A quién puedes pedir ayuda? Las niñas necesitan saber quiénes son las
personas a las que podrían recurrir. Y
pueden ser del contexto familiar o de otros.
Aparte de los padres, alguien de la familia extensa, la profesora, el
monitor del comedor, la educadora del grupo de tiempo libre, una vecina, una
entrenadora, el pediatra … Es más fácil si son personas conocidas, hay cierta
relación afectiva y las niñas sienten que nosotros las legitimamos como
“personas afectivas a las que acudir”
La nueva Ley de Protección a la Infancia anima a que las personas
adultas podamos tener formación para saber prevenir, detectar, acompañar y
derivar en situaciones de abuso u otras formas violencia. De hecho, en la escuela, en los centros
deportivos y grupos de tiempo libre habrá Referentes de Protección
formados específicamente para esto y a los que podrán recurrir.
Sería interesante que tanto padres y madres, como personas a las que
puedan pedir ayuda sepamos que, si pasa, es importante en esos momentos tener
serenidad, transmitir confianza, no culpabilizarles, escuchar y
acompañar con discreción y transparencia (les avisaremos de que lo que
nos cuenten se lo tendremos que contar a otras personas, al menor número
posible para conseguir una buena ayuda), no poner en duda sus palabras ni hacer
interrogatorios invasivos. Todo esto
evitará la victimización.
Además de saber a quién, sería interesante que supieran de qué
forma y cuándo es mejor pedir ayuda. Por ejemplo, siempre será más fácil si
se hace en privado y con cierta intimidad que en público delante de mucha
gente.
Poner palabras puede ser complicado, sobre todo, si se produce algún
bloqueo. De hecho, pocas veces nos lo “cuentan” sin más. Por ello, les diremos
que si les pasa podrán contarlo a través de un mensaje, un dibujo, un gesto … Y
tendremos que estar atentas a cambios de comportamientos o estados de ánimo
bruscos u otras señales. No se trata de obsesionarnos con ello y “ver”
lo que no hay pero sí tener conciencia. CEAPA ha editado una guía para familias
y AMPAS para la Prevención y el Abordaje del Maltrato y
Abuso Sexual donde hay
información al respecto. Si tenemos dudas de lo qué puede estar ocurriendo
podemos contrastar con el colegio, la pediatra o algún servicio
específico.
Algo que a veces les “echa para atrás” para contarlo es pensar
que les vamos a culpabilizar, ridiculizar o “castigar” por no haber estado
atentos y se callan. Otras veces, les
hemos dicho previamente (en un ataque de pánico y rabia) que si llega a pasar
algo así, “mataremos” o “haremos algo malo” a quien abuse de ellos. (a veces el
abusador es alguien “querido” y no quieren que acabe muerto o nosotras en la
cárcel) También puede ocurrir que estén “amenazadas” o “chantajeadas” por el
abusador para ocultarlo.
Nuestros mensajes tendrán que ir encaminados a que si pasa algo es
necesario que lo cuenten, a nosotras o a otras personas de referencia, que les
felicitaremos por ser valientes, que les vamos a querer y cuidar siempre, que
no nos va a pasar nada a nosotros y que les vamos a ayudar. Y si hace falta buscaremos apoyo de gente que
sabe más sobre qué hacer y cómo proteger en estos casos. Y siempre lo haremos
con discreción, transparencia y desculpabilización.
6- Secretos
Buenos y Malos
A veces, las niñas caen en la manipulación emocional de “vamos a
guardar esto como un secreto de algo especial entre tú y yo” o se les
amenaza para que callen. Hay que ir ayudando a nuestros hijos a diferenciar
entre los buenos y los malos secretos. Hay “secretillos” que podrían ser buenos
(por ejemplo, cuando se organiza una fiesta sorpresa de cumpleaños para una
amiga) y otros malos. Un secreto malo es aquel en el que:
- Hay un
daño en el cuerpo o en el “corazón” para ti u otras personas.
- Te obligan
o te sientes obligada a hacer o presenciar algo que te incomoda o no te
gusta.
- Alguien
te prohíbe contarlo a tus seres queridos, especialmente a los padres y
madres.
- Se rompen
las reglas protectoras (por eso es importante que existan y hablar de
ellas)
Contar un “secreto malo” es de valientes y justos y no de
“chivatos” o “flojos”. Esto es algo que hemos de trabajar para prevenir abusos,
acosos u otro tipo de situaciones.
7- Nuestro
modelo.
Nuestro modelo es fundamental. Si no aceptamos nuestro cuerpo, si
vemos nuestra propia masturbación como algo “malo”, si no sabemos gestionar y
hablar de nuestras emociones, si no somos asertivas y siempre decimos “Si”, si
guardamos secretos malos, si no sabemos pedir ayuda o no tenemos una red de
apoyo … será más difícil que nuestras hijas puedan seguir estas claves. Así
que toca “trabajarnos” sin duda muchas cosas. Hay que tener en cuenta que
una de cada cinco de nosotras puede arrastrar un abuso de la infancia, a veces
trabajado y otras no. Puede ser un momento para hacerlo. Cuando se tienen hijos
y se está en plena crianza se “remueven” muchas historias, incluida ésta.
Algunas conclusiones
Todo esto no es fácil, no. Y,
siendo así, es nuestra responsabilidad. Cuando se produce un abuso
sexual siempre hay un abuso de poder y de confianza en una relación.
Será necesario abordar también el tema de qué es “querer bien” o “querer mal”
Si alguien, aunque sea de tu familia o de “confianza”, abusa de ti, te
maltrata, te desatiende o te obliga a guardar malos secretos, no te quiere
bien. Pero éste sería un tema para profundizar en otro momento.
En general
podemos tratar de:
- Abordar este tema de la
prevención desde cierta serenidad. El pánico o la
ira no ayudan
- Generar una relación de
confianza en general con nuestros hijos para
poder hablar sobre esto y otras cosas.
- Tener claro que la responsabilidad
de protegerles es siempre del mundo adulto. Podemos enseñarles algunas
herramientas para que aprendan a protegerse a sí mismas pero si les sucede no
va a ser su culpa y no se la “echaremos”. Ya bastante se activa la culpa por defecto en
esos casos como forma de negar la realidad y evitar la indefensión.
Hay diferentes guías, material didáctico y cuentos de ayuda.
Podemos usarlos y hacer procesos en los que preguntarles qué saben, qué opinan,
ayudarles a reflexionar, a pensar soluciones…
adaptándonos a la edad, la capacidad, el temperamento, la situación… No
se trata de dar una charla y listo o “bombardearles” con un montón de consejos
sin más. A veces, podemos sacer el tema a propósito, otras aprovechar cosas que
pasan, soltar “globos sonda” o estar disponibles cuando quieran hablar de
ello.
Entre los cuentos, “La Regla de Kiko” y “Mi cuerpo es un
tesoro” para los más pequeños son básicos. Para un poco más mayores “Estela
grita muy fuerte”, por ejemplo. Y para adolescentes, podemos usar algunas
guías de educación afectivosexual que incorporan este tema. Por ejemplo, la
de Pepa Horno e Itziar Fernández
para el ayuntamiento de Burgos.
La idea es abordar este tema dentro de la educación afectivo sexual.
En BBKFAMILY podéis encontrar un curso online gratuito sobre esta área.
También, estar atentas a las charlas, cursos y talleres para padres organizados
desde las AMPAS, recursos de la comunidad o asociaciones específicas del tema
como, por ejemplo, la Asociación Garaitza en Bizkaia. En este enlace GUÍA 75 LIBROS EDUCACIÓN SEXUAL FAMILIAS CON PEQUES.
ASEXOVI. CRUZ ROJA. 2020. PDF - Google Drive
podéis encontrar muchos materiales
gratuitos y descargables ordenados por temáticas y edades.
Trabajemos para que ni nuestro hijo ni ningún niño sea 1 de los 5 y se
elimine esta maldita estadística. Y no
dejemos esta labor sólo para los talleres que hacen el cole o en otros lugares.
En casa también se habla de esto.
Begoña
Ruiz Ibáñez. Psicóloga, Referente de Protección a la Infancia en
Bidegintza y educadora del programa Tratu-on.
Con la colaboración de
Artículo publicado en la web www.bbkfamily.eus